sábado, 12 de agosto de 2017

Los mentirosos patológicos sienten placer al mentir


Para tener bienestar en las relaciones interpersonales y laborales es necesario interactuar con los individuos que nos rodean. Pero, ¿Qué pasa cuando esas personas tienen la necesidad de crear historias falsas? La especialista en siquiatría María Isabel Lizarralde nos explica cómo identificar a este tipo de personalidades, y evitar los conflictos que puedan generar.

Los mitómanos son personas que no tienen ningún sentimiento de culpa o piensan que no está mal mentir. Estas personalidades creen en sus historias.

Esta patología es un trastorno de base en la personalidad. Puede que no sienta empatía con el entorno, pero sí la necesidad de resaltar. Se le descubre porque siempre tendrán una historia similar o más dramática que cualquiera del entorno.

El mentiroso patológico es una persona creíble porque vende esa información. Al comienzo pasa desapercibido.

Utilizan las mentiras para elevar su imagen en el entorno, puede ser en aspecto económico, laboral, familiar, en sus habilidades o vivencias.

Los individuos pueden llegar a ser inestables en los trabajos. Las mentiras cumplen ciclos, donde son creíbles hasta que se comienzan a develar.

Se les puede reconocer porque comienzan a ser extravagantes en sus historias. Pueden hablar de enfermedades terminales, de operaciones, de trastornos, todo en aras de generar aceptación.

Se contradicen cronológicamente cuando hablan de sus historias fantásticas y las dificultades en las que han salido victoriosos.

Cuando están mintiendo tienen una gestualidad particular, puede ser taparse la boca, rascarse la nariz, la cabeza, evadir la mirada, asentar con la cabeza o estornudar. Es casi desapercibido puesto que son vendedores de historias.

Cuando se miente el organismo hace un esfuerzo por mantenerlo con el lenguaje corporal, por lo que aumenta la frecuencia cardíaca, arterial y respiratoria.

Los mentirosos patológicos sienten placer al mentir, se sienten aceptados y el centro de la atención. Esto pasa porque cuando se miente se activa la corteza cerebral frontal y temporal, y el sistema límbico que tiene ver con el placer.

Fuente:  mobile.quintodia

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